De Andalucía a California: restaurantes.

Recuerdo la primera noche que pisé por primera vez suelo Californiano. Llevaba como unas 20 horas de vuelo sumando las escalas, y llevaba más de 24h despierta. Estaba MUY cansada pero también MUY excitada.

Era un sentimiento extraño porque recuerdo el agotamiento pero también la alegría de ver todas las cosas nuevas con las que me iba encontrando.

Y recuerdo mi segundo chock cultural: los restaurantes. Mi primer chock cultural fue que los semáforos están en una posición diferente de donde están en Europa y pensaba que mi pareja no paraba de saltarse semáforos en rojo y que quería matarme. Pero eso lo contaré otro día.

Restaurantes.

Esa misma noche me llevaron a cenar algo a un Ihop. Es una franquicia que existe aquí que es conocida por sus pancakes y por sus tortillas. Como era para cenar, me pedí una tortilla y me pedí de beber una Cocacola.

Me trajeron un vaso tamaño enorme de Cocacola y una tortilla que tenía el tamaño de mi brazo. ¡Enorme! Una tortilla con queso, jamón, cebolla y hash browns como acompañamiento. Apenas comí porque la verdad es que estaba bien cansada y mi cuerpo no toleraba comida sino que me pedía dormir. Pero fue ahí donde me di cuenta de 2 cosas que suceden en los restaurantes que son bastante diferentes de lo que sucedía en Andalucía:

1- Los camareros tienen una obsesión con que tu vaso SIEMPRE ha de estar rebosante de bebida. Ya sea Cocacola, leche, café, zumo… Siempre que te bebas un par de tragos te va a venir el camarero a ponértelo hasta arriba.

2- Cuando te sirven los platos que has pedido automáticamente te dejan la cuenta. Sin pedirla. Simplemente te saludan y te dejan la cuenta al lado de tu plato mientras come.

 

Estas dos cosas, lo digo de verdad, me chocaron mucho. El relleno de vasos porque vengo de un sitio en el que pides por UNA bebida y pagas por bebida consumida con lo que no te hartas de beber cuando vas a un restaurante, sino que más bien dosificas. Aquí te bañan con bebida y me parecía un desperdicio. Al principio les pedía a los camareros que no hacía falta que me rellenasen más el vaso, que estaba bien. Qué caras me ponían, como si nunca habrían pensado que alguien rechazase el relleno de su bebida. Se ponían hasta pesaditos, viniendo constantemente a la mesa para rellenarme el vaso.

Con el tiempo he aprendido a no “luchar” contra ellos. Los camareros se ganan la vida con las propinas y el que alguna mesa asignada suya no tenga las bebidas hasta arriba parece ser que les hace lucir mal. Ahora he aprendido a que sólo les pido que no me rellenen cuando estamos al final de la comida. La cantidad de litros de refrescos/cerveza/cualquier cosa que los americanos beben durante una comida es impresionante.

La segunda parte, la de la cuenta, debo confesar que la primera vez que lo vi me mosqueó. Me enfadó porque parecía que nos estaban echando del restaurante ya que nos trajeron la cuenta nada más llegarnos las tortillas. ¡Cómo se atrevían a traernos la cuenta si no la habíamos pedido! ¡Si acababan de llegarnos los platos!

Pero mi pareja estaba tan pancho, así que le pregunté. Y me dijo que era lo normal, que es habitual que cuando te traen lo que has pedido automáticamente te traen la cuenta. “¿Y si quieres pedir algo más?” “Pues pides y te traen otra cuenta”, me contestó con mucha calma.

Me pareció increíble al principio pero con el tiempo lo he ido entendiendo. Aquí socializar mientras comes está bien, de hecho es una de las cosas que suelen hacer aquí: ir a comer con alguien y ponerte hasta arriba de mucha cantidad de comida. Pero no hay cultura de sobremesa, como en España, donde es habitual que después de la comida (sobretodo si hay grandes grupos de gente) te quedes charlando tomándote un café o una cerveza mientras se disfruta de los postres o lo que se venga. Aquí no. Aquí después de comer las cosas que pidas te levantas y a la siguiente cosa.
No es habitual que la gente esté más de 1h comiendo y eso contando con el tiempo que te tarden en traer la comida, que no suelen tardar mucho.

Poco a poco me voy haciendo con estos pequeños detalles diferentes de Andalucía vs California. Eso sí, he tenido que aprender a no beber refrescos como una cosaca porque aquí te descontrolas y de repente te conviertes en un muñeco Michelín, que aquí te dan refrescos más baratos que el agua (y por litros).

Otro día hablaré de las porciones de comida y de cómo es habitual llevarse los restos a casa para luego no comerlos.

 

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2 responses to “De Andalucía a California: restaurantes.

  1. Es un nuevo mundo, toda una experiencia. Sentí exactamente lo mismo que vos cuando fuí por primera vez. Y es que al fin y al cabo, en Colombia por lo que veo, se conservan las mismas costumbres españolas (¡aún!).

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  2. al menos pides los platos hablando,en japón hay muchos sitios donde te dan una tabla y marcas lo que quieres,o tienes que ir a la puerta a comprar el ticket de lo que vayas a tomar a la expendedora y llevarlo a la barra para que te lo preparen xD

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